Feaaa

enero 5, 2011

Un saludo para mi fea favorita, que me estará leyendo.


abril 8, 2009

Ahora reconozco que, en realidad, no fue el patriarcado el que nos derrotó. Ni siquiera estoy segura que nunca haya existido tal entelequia: el patriarcado, convertido por la cosmogonía feminista en caja absoluta de Pandora y fuente inagotable de todos los males y de todas las torpezas. Más bien me inclino a pensar que ha prevalecido con mayor frecuencia la realidad contraria: un sexo más robusto, diseñado evolutivamente para dar protección a los miembros más vulnerables del grupo, aún a costa de jugarse las gonadas; y un sexo físicamente más débil, pero dotado por la evolución de todos los palos y zanahorias necesarios para mantener al asno conyugal tirando del carro con las orejas gachas.

El caso es que, cuando nosotras, que durante milenios hemos aceptado la protección como la cosa más natural del mundo, decidimos cargar sobre los varones la responsabilidad de todos los errores antepasados y presentes, ellos adoptaron nuestro punto de vista sin rechistar, entonaron un mea culpa universal y se dedicaron con ahínco a protegernos contra ellos mismos con el mismo rigor con que nos habían protegido durante siglos contra los extraños. El victimismo resultó nuestra arma más eficaz contra el sexo opuesto, y con ella nos lanzamos a la guerra más absurda jamás librada, porque, al atacar y destruir lo específicamente masculino y renegar de lo específicamente femenino, destruimos los nudos cruciales de nuestra urdimbre social.

Nuestra gran paradoja fue que, llegadas a un momento histórico en el que el desempeño de las funciones ancestrales masculinas no requería ya la especialización evolutiva (fuerza física, arrojo, valor…) quisimos ser como ellos y competir con ellos en sus terrenos, renunciando a nuestras propias especializaciones evolutivas, en particular a la más específica de todas: la maternidad. En nuestra nueva misión histórica de competitividad con el varón, los embarazos y los hijos empezaron a ser una carga. El hedonismo y el culto exacerbado a la belleza y la eterna juventud hicieron el resto. Nos resultó muy fácil imponer a una sociedad consumista y apoltronada nuestras teorías antirreproductivas y abortistas.

Occidente admitió sin rechistar la vieja monserga de Engels de que la familia constituía un marco de opresión para la mujer, en la que ésta era el proletariado, y el hombre, la burguesía. Curiosa burguesía de mineros, pescadores, soldados y albañiles, y curioso proletariado, encargado de administrar los bienes y capitales aportados por el “burgués”. Lo tuvimos todo. Lo que los hombres jamás concederían graciosamente a otros hombres, nos lo regalaron a nosotras sin rechistar. En nombre de la igualdad, conseguimos cuotas de participación en los gobiernos, los parlamentos, las altas instituciones de la vida política y empresarial… Impusimos nuestra ideología a toda la sociedad, sin tolerar la crítica ni la discrepancia. Implantamos leyes de doble rasero, con distintos baremos penales para hombres y mujeres. Por ley, convertimos a todos los hombres en presuntos culpables, y a todas las mujeres en presuntas víctimas. Fuimos un verdadero “lobby feroz”, ante la sumisión acomplejada de los hombres y la pasividad desconcertada de las mujeres, utilizadas por nuestra reducida casta de victimistas profesionales para acaparar cada vez más poder y recursos en detrimento de la justicia y la equidad, y a costa de grandes abusos legales.

La ceguera y sumisión de las instituciones ante nuestras reivindicaciones superó el umbral del escándalo y entró de lleno en los terrenos de lo paranormal. A nosotras mismas nos costaba creer que el hombre, histórico desfiador de los riesgos más extremos, hubiese llegado a tales niveles de domesticación y falta de amor propio. ¡Ay del que se atreviera a contrariar cualquier exigencia feminista! En política, por ejemplo, criticar a una ministra era automáticamente considerado expresión de machismo, el peor sambenito que podía caerle encima a cualquier contricante.

Al cabo de varios decenios, nuestro movimiento se había convertido en una deriva histórica irreversible. El Estado, conducido por especialistas del corto plazo, miopes históricos cuyo horizonte visual acababa siempre en las elecciones siguientes, optó por la vía fácil del bienestar inmediato y su rentabilidad electoral, y se desentendió de cualquier inversión en valores demográficos para el futuro. El problema no fue la incorporación de la mujer a la vida laboral. El problema fue la falta de voluntad política para armonizar trabajo y maternidad, o para fomentar la adopción en lugar del aborto. El problema fue que, en el ideario feminista, el sitio de honor lo ocupaba la mujer competidora, y el peldaño menos valorado, la madre.

No, no fue el patriarcado el que nos derrotó. O al menos, no fue “nuestro” patriarcado, difunto y enterrado por obra nuestra. Las verdaderas artífices de nuestra paradójica derrota fueron ellas, las mujeres del niqab, llegadas desde el fondo de otro patriarcado lleno de vigor. Ellas, las mujeres que deseábamos “redimir” y que prefirieron pasar de nuestras redenciones. Las que nos dejaron con dos palmos de narices cuando siguieron vistiendo el burka tras la caída del régimen talibán.

Nosotras luchábamos por feminizar a nuestros hombres; ellas los querían con su masculinidad intacta. Nosotras mirábamos con desprecio a las madres prolíficas: ellas con admiración. Nosotras anteponíamos el éxito profesional a la familia; ellas al revés. Nosotras dábamos prioridad a la libertad sexual y la belleza física; ellas daban prioridad a la cohesión familiar y la maternidad. Fue así como se cumplió la premonición del presidente argelino Houari Boumediène, que, en un discurso pronunciado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1974, había profetizado:

“Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur e irán al hemisferio norte. No como amigos, sino para conquistarlo. Y lo conquistarán con sus hijos. El vientre de nuestras mujeres nos dará la victoria.”

Nadie puede saber mejor que nosotras lo que significa llorar el paraíso perdido. ¡Cómo añoro los buenos tiempos de poder y orgullo! Un poder tan ilimitado y un orgullo tan desmedido que nos condujeron a este definitivo infortunio, a este luto sin fin. Nunca me acostumbraré a reconocer a estas mujeres sin rostro. Aun sabiendo que son mis vecinas y mis amigas de juventud, a las que he tratado durante medio siglo, me resulta difícil identificarlas con esa especie de bultos negros desde cuyo interior me escudriñan unos ojos. Al verlas me dan ganas de arrancarme estos ropajes medievales que me convierten en otro bulto negro. Pero me contengo. A fin de cuentas, para un viejo rostro cubierto de arrugas, el niqab tiene ya más de refugio que de cárcel.

(En algún lugar de Eurabia hacia 2050)

http://putas.mypunbb.com/viewtopic.php?id=359752


No hay Cuchara

diciembre 8, 2008

Nohaycu Chara


Sumisión Voluntaria. ¿Aceptas esta sociedad?

noviembre 22, 2008

Queridos amigos el 11-S marca el triste aniversario de una catástrofe simbólica para
la humanidad. Poco importan nuestras creencias o nuestras ideas políticas, el sistema
instituido en nuestro mundo libre reposa sobre una especie de contrato aprobado
por cada uno de nosotros. Lo firmáis cada mañana al simplemente…NO HACER NADA.

1.- Acepto la competición como base de nuestro sistema, aunque sea consciente
de que engendra frustración y cólera para la inmensa mayoría de los perdedores.

2.- Acepto que me humillen o me exploten a condición de que se me permita
humillar o explotar al que ocupa un lugar inferior en la pirámide social.

3.- Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles,
porque considero que la carga que puede asumir la sociedad tiene sus límites.

4.- Acepto remunerar a los bancos para que inviertan mi sueldo a su conveniencia,
y que no me den ningún dividendo de sus gigantescas ganancias, que servirán para
desvalijar países pobres, hecho que acepto implícitamente. Acepto también que me
descuenten una fuerte comisión por prestarme dinero, que no es otro que…el de los
otros clientes.

5.- Acepto que congelemos o tiremos toneladas de comida para que la Bolsa
no se derrumbe, en vez de ofrecérsela a los necesitados y permitir a centenares de
miles de personas no morir de hambre cada año.

6.- Acepto que sea ilegal poner fin a tu vida rápidamente. Para compensar
tolero que se haga lentamente, inhalando o ingiriendo sustancias tóxicas autorizadas
por los gobiernos.

7.- Acepto que se haga la guerra para así hacer reinar la paz. Acepto que en nombre
de la paz, el primer gasto de los Estados sea el de defensa. Acepto pues que los
conflictos sean creados artificialmente para deshacerse del stock de armas y alimentar
así a la economía mundial.

8.- Acepto la hegemonía del petróleo en nuestra economía, aunque sea una energía
muy costosa y contaminante, y estoy de acuerdo en impedir todo intento de
sustitución si se desvelara que hemos descubierto un medio gratuito e ilimitado de
producir energía, lo cual sería nuestra perdición.

9.- Acepto que se condene el asesinato de otro ser humano, salvo que los gobiernos
decreten que es un enemigo y me animen a matarlo.

10.- Acepto que se divida la opinión pública creando partidos de derecha y de
izquierda, que se dedicarán a pelarse entre ellos haciéndome creer que el sistema
avanza. Además acepto todas las divisiones posibles con tal que me permitan dirigir
mi cólera hacia los enemigos designados cuando se agiten sus retratos ante mis ojos.

11.- Acepto que el poder de moldear la opinión pública, antes ostentado por las
religiones, esté hoy en manos de hombres de negocios no elegidos democráticamente
que son totalmente libres de controlar los Estados, porque estoy convencido del buen
uso que harán con el.

12.- Acepto que la felicidad se reduce a la comodidad, al amor al sexo, y a la libertad
para satisfacer todos los deseos, porque es lo que me repite la publicidad cada día.
Cuanto más infeliz sea más consumiré. Cumpliré mi papel contribuyendo al buen fuciona-
miento de nuestra economía.

13.- Acepto que el valor de una persona se mida según su cuenta bancaria, que se
aprecie su utilidad en función de su productividad y no de sus cualidades, y que sea
excluido del sistema si ya no es suficientemente productivo.

14.- Acepto que se recompense generosamente a jugadores de fútbol y a actores
y mucho menos a profesores y médicos encargados de la educación y de la salud de las
futuras generaciones.

15.- Acepto que se destierre de la sociedad a las personas mayores cuya experiencia
podría sernos útil, pues, como somos la civilización más evolucionada del planeta (y sin
duda del universo). Sabemos que la experiencia ‘no’ se comparte ni se transmite.

16.- Acepto que se presenten noticias negativas y aterradoras del mundo todos los
días, para que aprecie hasta que punto nuestra situación es normal y cuanta suerte tengo
de vivir en Occidente. Sé que mantener el miedo de mi espíritu sólo puede ser beneficioso
para mí.

17.- Acepto que los industriales, militares y políticos celebren reuniones regularmente
para tomar, sin consultarnos, decisiones que comprometen el provenir de la vida…y del
planeta. Queridos amigos poco importan las creencias y las ideas políticas…

18.- Acepto consumir carne bovina tratada con hormonas sin que se me avise
explícitamente. Acepto que el cultivo de OGMs se propague por todo el mundo,
permitiendo así a las multinacionales agroalimentarias patentar seres vivos, amasar
enormes ganancias, y tener bajo su yugo a la agricultura mundial.

19.- Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que quieren
armarse y combatir, y que así elijan los que harán la guerra y los que no. Soy consciente
de que es mejor financiar a los dos bandos para estar seguros de ganar dinero, y
prolongar los conflictos el mayor tiempo posible para poder arrebatar completamente sus
recursos si no pueden reembolsar sus préstamos.

20.- Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales
de Occidente en los países desfavorecidos. Considerando que ya es una suerte para ellos
que los hagan trabajar, prefiero que se utilicen las leyes vigentes en esos países, que
permiten hacer trabajar a niños en condiciones inhumanas y precarias. En nombre de los
derechos humanos y del ciudadano, no tenemos derecho a la injerencia.

21.- Acepto que los políticos puedan ser de honestidad dudosa y tal vez incluso
corruptos. Además creo que es normal en vista a la presión que sufren. Para la mayoría,
en cambio, conviene la tolerancia cero.

22.- Acepto que los laboratorios farmacéuticos e industrias agroalimentarias vendan
en los países desfavorecidos productos caducados o utilicen sustancias cancerígenas
prohibidas en Occidente.

23.- Acepto que el resto del planeta es decir cuatro millones de individuos, puedan
pensar de otro modo a condición de que no vengan a expresar sus creencias en nuestra
casa, y aún menos a intentar explicar nuestra Historia con sus nociones filosóficas
primitivas.

24.- Acepto que existen sólo dos posibilidades en la naturaleza, a saber: cazar o
ser cazado, y si estamos dotados de conciencia y lenguaje, ciertamente no es para
escapar de esa dualidad, sino para justificar por qué actuamos de ese modo.

25.- Acepto considerar nuestro pasado como una sucesión ininterrumpida de
conflictos, de conspiraciones políticas y de voluntades hegemónicas, pero sé que hoy
todo esto ya no existe porque estamos en el súmum de nuestra evolución, y que las
reglas que rigen nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y de la libertad para
todos los pueblos, como oímos sin cesar en nuestros discursos políticos.

26.- Acepto sin discutir y considero como verdad todas las teorías propuestas
para explicar los misterios de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza haya
dedicado millones de años a crear un ser humano cuyo único pasatiempo es la
destrucción de su propia especie en un instante.

27.- Acepto la búsqueda del beneficio como fin supremo de la Humanidad y la
acumulación de riqueza como realización de la vida humana.

28.- Acepto la destrucción de los bosques, la casi desaparición de los peces de
nuestros ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la
dispersión de venenos químicos y de elementos radioactivos en la naturaleza.
Acepto la utilización de toda clase de aditivos químicos en mi alimentación, porque
estoy convencido de que si se añaden es porque son útiles e inocuos.

29.- Acepto la guerra económica que castiga brutalmente al planeta, aunque
sienta que nos lleva hacia una catástrofe sin precedentes.

30.- Acepto esta situación, y admito que no puedo hacer nada para cambiarla
o mejorarla.

31.- Acepto ser tratado como ganado porque definitivamente pienso que no
valgo más.

32.- Acepto no plantear ninguna cuestión, cerrar los ojos a todo esto y no
formular ninguna oposición verdadera, porque estoy demasiado ocupado con mi
vida y mis preocupaciones. Acepto incluso defender a muerte este contrato si
me lo piden.

33.- Acepto pues, con toda mi alma y conciencia y definitivamente, esta triste
matriz que ponen delante de mis ojos para evitar que vea la realidad de las cosas.
Sé que todos ustedes actúan por mi bien, y por el de todos, y por ello les doy
las gracias.

Fuente: http://es.youtube.com/watch?v=q3CXMENr1Gg


¿Por qué Bloggear?

octubre 22, 2008

El hecho de bloguear se comprende mejor si se plantea en términos de, al menos, dos metáforas musicales: La del pinchadiscos que crea y utiliza creaciones de otros simultáneamente; y la del jazz, que se basa al tiempo en la improvisación, la individualidad y la colaboración con otros. No sustituye a la música clásica, pero se toca y se escucha de manera distinta.

Razones de por qué bloggear


Vuelvo, con más mierdas, y peores !

mayo 1, 2008

Qué mierdas pasa en esta curva????


Peligro de ponerse auriculares según que veces GEGE

marzo 14, 2008

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